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Canción de la montaña Yimeng, 1975
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En este artículo os quiero hablar de una de esas rarezas
artísticas que a veces nos regala el arte contemporáneo chino y que lo hace tan
peculiar y apasionante. Un artista original, brillante y muy poco conocido
fuera de China. Se trata de Zhang Yaxin (张雅心).
Nacido en Heishan (黑山) en 1933, Zhang Yaxin se graduó en
fotografía en la Academia de Cine de Changchún (长春),
tras lo cual entró a trabajar como reportero fotográfico en la agencia Xinhua
en 1963, donde se dedicó a documentar la vida diaria y los eventos políticos de
la China de la época. Fue en esta agencia donde ganó una gran popularidad como
fotógrafo, lo que le llevó a ser escogido por Jian Qing, esposa de Mao y una de
las figuras clave dentro de la política cultural en la época, para
documentar la ópera revolucionaria de
nueva creación basada en los cánones estéticos de la ópera tradicional china y
oficialmente permitidas por el gobierno maoísta durante la Revolución Cultural.
La Ópera China
Los que hayáis podido disfrutar de una auténtica ópera
china, estaréis de acuerdo conmigo en que se trata de una experiencia única
que te sumerge en la realidad de la cultura y la sociedad del país de un modo
impactante.
Como casi cualquier experiencia cultural producida en China,
la ópera no se parece en nada al concepto que tenemos en occidente. Dentro de
las más de 300 variedades diferentes de ópera tradicional, la más famosa es, sin duda, la Ópera de Pekín, que es considerada como una de las máximas expresiones
artísticas de la cultura china.
En la ópera china se mezcla danza, teatro, canto, acrobacia,
música y poesía. Todo ello aderezado con un vestuario muy sofisticado y
colorido y con intérpretes que cantan, bailan y realizan ejercicios acrobáticos
al mismo tiempo. El maquillaje de los interpretes es, además, de suma
importancia ya que conforma una especie de máscara que define al personaje que
interpretan.
Existen diversos personajes arquetípicos que podríamos
resumir en: sheng (生), protagonista masculino que en vez
de maquillaje lleva barba; zhengdan (正旦), protagonista femenina;
ching (净), para los guerreros que
suelen ser personajes de gran envergadura; el chou o payaso (丑)
para personajes cómicos y los waimo (外末) o waidan para
personajes secundarios.
Pero es imposible explicar el preciosismo, la sutileza y la
estética propia de la ópera china solo con palabras, así que os dejamos una breve introducción para que podáis
disfrutarla y entenderla un poquito mejor.
La Ópera de Pekín se sigue representando en la actualidad en
los grandes teatros de todo el país, contando además con una gran aceptación
por parte del público. Como curiosidad, os contaré que, en la actualidad,
siguen existiendo pequeños teatros en los barrios de las ciudades chinas, donde
se puede disfrutar de una de estas representaciones por parte de pequeñas
compañías. El ambiente suele ser distendido y cercano. Los teatros suelen estar
llenos de chinos bebiendo, fumando y comiendo pipas y, si consideras que el
intérprete está haciendo una buena representación, debes levantarte en medio
de la misma y entregarle una propina que recogerá sin interrumpir su actuación.
Una auténtica experiencia de inmersión en la cultura china que os recomendamos
fervientemente disfrutar si tenéis pensado viajar a China.
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La montaña Azalea, 1974
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La Revolución Cultural
El 16 de mayo de 1966 el Partido Comunista de China anuncia
el inicio de la "Gran Revolución Cultural Proletaria", más conocida
simplemente como la Revolución Cultural (无产阶级文化大革命), un proceso de transformación de la
sociedad china que acarrearía dolorosas consecuencias para la vida política, económica
y social del país.
El objetivo oficial de la Revolución Cultural era eliminar de la sociedad china las influencias capitalistas y derechistas que habían sido
introducidas por los intelectuales de derechas infiltrados en el Partido
Comunista Chino. En la práctica, esto se tradujo en purgas políticas,
ejecuciones y severos castigos para millones de personas que en muchos casos
fueron enviados a "centros especiales de reeducación".
La finalidad real era crear un culto a la personalidad
de Mao para mantenerlo en la hegemonía del poder y los protagonistas de este
proceso fueron los jóvenes que tomaron el Libro Rojo de Mao (un compendio de
sus enseñanzas) como la guía del buen comunista.
Un instrumento fundamental en la Revolución Cultural serían
las artes escénicas que, redefiniendo por completo las normas artísticas y
estéticas de la China tradicional, servirían para la reeducación de las masas.
Si bien durante los primeros años de la República Popular la
ópera china contó con el apoyo del gobierno que promocionó la ópera de Pekín
con la creación de nuevas compañías, con la revolución cultural las óperas
pekinesas originales pasaron a ser consideradas por el régimen como elementos
culturales obsoletos que debían ser transformados. De este modo, las tradicionales
operas chinas pasaron a estar prohibidas durante más de 10 años, los autores
e intérpretes fueron perseguidos y la mayoría de las compañías acabaron
disolviéndose.
Sin embargo, debido a la gran popularidad de esta disciplina
artística, el gobierno decidió mantener este tipo de arte vivo, pero
modernizándolo de acuerdo a los valores comunistas y revolucionarios. La
elegida para llevar a cabo la "misión" fue Jian Qing, esposa de Mao,
que decidió crear un nuevo tipo de óperas que representaran el sacrificio de
las clases populares chinas, pero manteniendo la estética y la técnica de las
óperas tradicionales.
En total se crearon 6 óperas y 2 ballets que siguieran las
ideas de Mao sobre el arte que se fundamentaban en que "el arte debe servir a
los intereses de trabajadores, campesinos y soldados y deben ajustarse a la
ideología proletaria". Estas obras eliminaban a los tradicionales
personajes de la ópera de Pekín y los sustituían por personajes contemporáneos
divididos en dos grupos donde los "buenos" eran los campesinos,
trabajadores y soldados revolucionarios y los "malos" eran los terratenientes y nobles. Sin embargo, las obras mantenían la estética preciosista
y el estilo musical basado en la percusión acelerada de los instrumentos musicales.
Tras la muerte de Mao y la caída Jiang Qing, las tradicionales
de óperas de Pekín pasaron a estar de nuevo permitidas.
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Incursión en el regimiento de tigre blanco, 1971
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La obra de Zhang Yaxin (张雅心)
Para documentar las nuevas obras de ópera revolucionaria, Jiang
Qing escogió a Zhang Yaxin como fotógrafo oficial. Para poder captar la
estética colorista de las mismas se le facilitó una de las tres únicas cámaras
a color que por aquel entonces existían en China, además de tener acceso a
todos los rollos de Kodak a color que fueran necesarios (por el
contrario, sus compañeros reporteros de Xinhua solo recibían tres rollos por
año). El poder trabajar con esta tecnología tan avanzada en aquel momento le
facilitó poder dotar a sus imágenes de un fuerte colorido y preciosismo que se
hicieron característicos en su obra. Además, fabricó una caja en la que encajar
la cámara para poder realizar las fotografías durante las representaciones sin
molestar con el ruido al disparar.
El resultado es una serie de trabajos a la que tituló Red Times en
la que se mezcla la estética preciosista de vivos y saturados colores
característica de la ópera de Pekín con una iconografía plenamente comunista
de personajes que luchan por el bien común de la sociedad dejando de lado los
intereses particulares de los protagonistas.
Gracias a la técnica de Zhang Yaxin los personajes se
convierten en una especie de esculturas en movimiento donde la suntuosidad del
vestuario, los vivos colores, la solemnidad de los gestos y la intensidad de
las emociones grabadas en sus miradas inundan toda la escena.
Una auténtica "rareza" en la fotografía contemporánea que
consiguió que su peculiar estética se convirtiera en un icono que
dominó las artes visuales de China durante años y continúa ejerciendo una
intensa influencia hasta el día de hoy (solo tenéis que fijaros en el colorido
merchandaising ofrecido a los turistas).
En 1976, con la muerte de Mao Zedong y el encarcelamiento de
su mujer Jiang Qing, las óperas proletarias dejaron de representarse y Zhang
Yaxin pudo volver a trabajar como reportero gráfico, en esta ocasión para el
People's Daily.
Preguntado por la revista Time sobre si le gustaron alguna
vez las óperas revolucionarias Zhang Yaxin se muestra contundente "No, en
absoluto. Fue una tarea política ordenada por mi superior, no tuve otra
opción".
Frente a la colorida y vitalista obra de Zhang Yaxin, que
nos presenta una visión idealizada de la ópera china, podríamos contraponer el
trabajo de un fotógrafo como Liu
Zheng (刘铮) del que ya os
hablamos en nuestro blog y que nos presenta una visión mucho más profunda sobre
la dura vida de los interpretes de ópera pekinesa, centrándose en sus miserias
y dificultades.
En la actualidad, Zhang Yaxin vive y trabaja en Beijing.








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